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02 Mar

Pequeñas agencias llegan con pasos de gigante

Foto: EUREK

Para nadie es un secreto que el medio de la publicidad ha sufrido cambios de gran magnitud, no sólo en la parte creativa, sino también en las metodologías aplicadas al manejo de sus clientes.

Es allí, cuando en un mundo de pros y de contras, las agencias pequeñas ponen a temblar a más de uno dentro del sector. Y bien me lo afirmaba el gerente de mercadeo de una de las marcas con las que trabajé: “preferimos ser el grande para los pequeños, que no el cero a la izquierda de los grandes, donde solo somos una factura más”.

Hace un tiempo atrás, recopilando varios capítulos de mi experiencia tanto en multinacionales como en pequeños estudios creativos, me puse a pensar en los factores que hacen determinante la decisión de un cliente al momento de confiar su marca a los expertos.

Cabe anotar que esta, es una opinión desde el punto de vista ejecutivo, cargo en el que me he desempeñado desde hace más de 10 años y cargo que se encuentra como el jamón y el queso de un emparedado: en la mitad.

Tranquilos, estar en el medio no es del todo tan malo, por el contrario, te permite conocer más de cerca la posición de ambas partes, manejar sus intereses, velar por que esos objetivos se cumplan y sobre todo mantener la armonía entre egos.

Y es el ego el que muchas veces hace a algunas agencias grandes, más grandes. Ellas respiran y viven por los premios, su día a día se ha convertido en una lucha de poderes para demostrar quién es el más fuerte, su necesidad inalcanzable por obtener un trofeo más en esa vitrina de cristal que se convierte en la mejor recepcionista de un cliente cuando visita las instalaciones, hace que su fama se permee a lo largo del tiempo. Pero, ¿qué pasa cuando los premios, cuando ese amor por la creatividad se convierte en una obsesión y deja de ser parte de las verdaderas necesidades de los clientes?

Esta es una pregunta que suele causar gran controversia dentro de las partes, pero que, a mi modo de pensar, se resuelve muy bien con reflexiones que han planteado los mismos líderes del medio, donde aseguran que la industria publicitaria ha perdido su foco y la razón de ser hacia sus clientes, es el momento para hacer un alto en el camino y replantear ese equilibrio entre el potencial creativo que responda siempre a las necesidades de las marcas y sus consumidores finales.

Y es en esta parte de la historia donde las pequeñas empresas, o en su gran mayoría, empiezan a cobrar relevancia frente al mercado, los clientes, sus consumidores y sus necesidades principales. Mientras que los grandes permanecen horas y horas encerrados en salas de juntas, presentando ideas tan novedosas como descabelladas, dejando de “desatender” el día a día de las cuentas que bien o mal pagan ese tiempo, entregando propuestas de cinco minutos, o no entregando nada; es cuando los pequeños tienen la misma dedicación para ofrecer eso que realmente aman los clientes: un excelente servicio a costos realmente competitivos. Así lo afirma Scott Bedbury (Reconocido consultor de marca, líder en la campaña Just Do It de Nike) en alguna de sus escritos “La mejor marca nunca empieza con la intención de construir una gran marca, sino que se concentra en construir un producto o servicio grande y rentable.

Considero que este es el punto de partida que les permitirá demostrar sus ganas, su hambre de dar, de demostrar y el deseo de mantener ese cliente que con esfuerzo y a pulso lograron llegar.

Por Laura Gonzalez
Gerente Ejecutivo Eurek
Categoría: Estrategia

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